Código del oeste
Código del oeste —Nada, señorita Stockwell; absolutamente nada —contestó Cal con tiesura—. Lo admito con entera franqueza; pero con la misma franqueza le confieso que no veo por qué ninguna persona que esté en su cabal juicio haya de sufrir incomodidades por seguir eso que usted llama «la moda».
—¿Y cómo podÃa yo saber que venÃa a unas montañas dónde es invierno en tiempo de verano? Aunque le juro que, si lo hubiera sabido, llevarÃa puesto este mismo traje…, sólo que habrÃa sacado el abrigo. Mire, señor Thurman, acaso le interese enterarse de que durante el invierno pasado todas las mujeres elegantes llevaban falda corta casi hasta las rodillas y medias caladas, o de seda fina, con zapatos de corte bajo. ¡Ande! ¿Se da usted cuenta, señor Montaraz?
—¡Ajú! Considero que es interesante —repuso Cal, con bastante acritud—. ¿De modo que en el Este las mujeres se visten de esa forma… en invierno?
—SÃ; se lo garantizo.
—¿Cuándo hace mucho frÃo, nieva y hiela?, —persistió él, incrédulo.
—SÃ, señor… con frÃo, fango, granizo, nieve, hielo y todo lo que usted quiera… ¡Con el termómetro a menos de cero! —aseveró Georgiana con acento triunfal.