Código del oeste
Código del oeste —Debo pedirle perdón por… haber hablado con demasiada libertad acerca del modo de vestir de las señoras —murmuró Cal, contrito—. Pero nunca lo hubiese hecho si no se hubiera lamentado usted de que sufrÃa los efectos del frÃo.
Cuál hubiera sido su respuesta, no lo supo Cal nunca, porque en el preciso instante en que ella se volvÃa hacia él, el volante se le escapó de las manos y el auto fue a parar violentamente a la cuneta.
Georgiana cayó contra su compañero, por efecto de la sacudida. No gritó. Oyóse el sonido de los vidrios al quebrarse en mil pedazos, y los numerosos bultos de equipaje rodaron en confuso montón.
—Compadre, hemos dado contra una ola demasiado fuerte —comentó alegremente Merry.
—Sà —añadió Georgiana—; pero la cosa no tiene nada de particular.