Código del oeste
Código del oeste —Cal, ¿no serÃa mejor que nos volviéramos en seguida a Ryson… en busca del médico? —preguntó Wess precipitadamente.
Cal vaciló un momento, durante el cual Georgiana decidió la importante cuestión.
—Llévenme… con mi hermana —gimió—. Quiero morir… en sus brazos. Tengo el cuello… roto… y ningún médico… podrá salvarme… Lo que necesito es un sacerdote… que ruegue…, por mi alma… porque soy… muy mala. ¡Oh… oh… o-o-oh!
Entre tanto, oprimÃa a hurtadillas la mano que Cal tenÃa libre, regocijándose enormemente por la colaboración que le estaba prestando al muchacho para vengarse de los otros. HabÃa creado una situación intensamente dramática, ganándoles con exceso el juego a aquellos perversos conspiradores. Cal habÃa saboreado ya la dulce copa del desquite… y la cosa no llegaba aún a su fin.