Código del oeste

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La generosidad de éste para con los muchachos, y su buena intención de no llevar el engaño más allá, se disiparon súbitamente, como si jamás hubieran existido. Aquella encantadora diableja, a quien había conocido pocas horas antes, y la cual había despertado en él viejas y nuevas emociones, ejercía sobre sus sentimientos un dominio increíble. Procuró pensar con serenidad. Se trataba de una chiquilla de diecisiete años, llena de travesura y deseosa de divertirse. El único fin de ella era ayudarle a desquitarse de los que habían pretendido embromarlo. Mas ¿procedía inconscientemente en lo que estaba haciendo? Su natural caballerosidad luchó por dar una respuesta afirmativa a esa pregunta. Para contribuir con él a subyugar a sus trapaceros camaradas, no necesitaba hacer de su impostura una cosa íntima y personal. Acaso estaba realmente fatigada y sentía frío… o se conducía como una niña irreflexiva, dejándose llevar de un impulso infantil, sin trascendencia alguna. Los hechos, sin embargo, eran difíciles de ser tomados como acciones inocentes, pueriles, impensadas. No era la primera vez que Cal tenía entre las suyas la mano de una muchacha, y de sobra sabía cómo interpretar la simpatía, la correspondencia. Pero la suave manecita de Georgiana expresaba vastamente más que eso; acariciaba, mimaba, imploraba, hacía estremecer. Tenía un poder maravilloso. Además, la chica se le echaba encima, reclinando la cabeza en uno de sus hombros. Esto último, claro está, no podía evitarlo, principalmente teniendo en consideración las exigencias de su complot. No obstante, había algo en la manera de hacerlo ella, que cambiaba radicalmente la inocencia de la superchería. Ahora bien, aunque era cierto que Cal había tenido entre las suyas otras manos femeninas, era igualmente cierto que jamás había estrechado entre sus brazos a ninguna muchacha. Y en aquel instante le vino la idea de que, aparte la trama de sus camaradas y de si Georgiana se excedía o no en el desempeño de su papel, y aun a pesar de su creciente sospecha de que no era sincera… la deseaba donde y como estaba.


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