Código del oeste
Código del oeste —Maestra —cuchicheó Cal, casi sin poder contener la risa—. Georgiana y yo se la hemos jugado en grande a Wess y su pandilla.
—¿De veras? ¡Oh, qué bien! Cuénteme. ¿Dónde está Georgie? ¿Ha llegado sin novedad?
—Escuche. No puedo contárselo todo ahora —prosiguió Cal, falto de resuello—. Los muchachos me descompusieron el «Ford». Se estrelló por el camino, tal como ellos habÃan planeado. Entonces, Georgiana y yo fingimos que ella se habÃa lesionado gravemente en el percance. Pero era completamente mentira. Wess y sus compinches están que se les puede ahogar con un cabello. Ahora a usted le corresponde mostrarse terriblemente enfadada con Wess. ¿Comprende?
—SÃ, Cal. Representaré mi papel. Pero dése prisa.
—Voy a mandar primero a Wess y su cuadrilla. Usted esté presente. Hágales creer que sabe que Georgiana está seriamente lastimada por causa de ellos. Luego la traeré a ella. ¡Oh, va a ser magnÃfico!
Dicho esto, Cal se alejó a escape, saltó el porche y corrió en torno de la casa, hasta llegar a donde habÃa dejado el coche. Todos los muchachos estaban allà formando un grupo, sombrÃos, carilargos, temerosos, esperando.