Código del oeste
Código del oeste —¡Villanos! —interrumpió la maestra en tono furibundo—. ¡Miserables bergantes! Ya es bastante censurable que se complazcan en atormentar a ese noble muchacho; pero no tiene excusa el que maltraten a una pobre criatura inofensiva y enferma. Es un atropello incalificable. Merecen ustedes que se los castigue a latigazos. Y si muere mi hermana, ¡les juro que haré que los ahorquen a todos, por asesinos!
Georgiana le oprimió el brazo a Cal, diciendo:
—¡Anda! Mary no se muerde la lengua. De esta hecha, los bromistas salen bien despachados. Ahora, Cal, cúbrame la cara con la manta y lléveme. Muéstrese muy solemne y sumamente apenado. Luego, después del paso de tragedia… póngame de pie y deje el resto a mi cargo.
Cal le cubrió la cara, como le habÃa pedido, y la cogió en brazos. La supuesta lisiada desmadejó el cuerpo como si fuera un costal vacÃo. Dejó colgar un brazo y echó para atrás la desfallecida cabeza.
—Abran la puerta —pidió Cal con voz profunda. Tuck Merry la abrió de par en par, y al enfrentarse con su amigo llevaba la expresión más cómica y extraña que éste hubiera visto. En su leal esfuerzo por contribuir al éxito de la trama, ponÃa toda su mejor voluntad por aparecer triste, cuando en realidad estaba muerto de risa por dentro.