Código del oeste
Código del oeste —¡Uf! —prorrumpió Wess (en una formidable exhalación de aliento, indicadora de comprensión y alivio). Se reconocÃa vencido, pero su vencimiento llevaba aparejado un Ãntimo consuelo.
—Señorita… señorita… ¿asÃ, pues, no se lastimé, en absoluto? —inquirió Arizona comenzando a recobrar su genialidad habitual.
Georgiana les hizo un guiño picaresco a los dos que habÃan hablado, y luego extendió su favorable mirada hasta la otra pareja de mozos, que eran los más culpables del grupo, y que seguÃan atontados por el suceso.
—No me lastimé en lo más mÃnimo —aseguró dulcemente—. Todo fue pura comedia para burlarnos de ustedes.
Cal comió en el segundo turno aquella noche, en compañÃa de los muchachos y de Tuck Merry, y después eludió presentarse en la sala, donde su padre y Enoch continuaban comentando regocijadamente lo sucedido. Rara vez se les ofrecÃa a los sencillos moradores de Green Valley tan buena oportunidad como la presente, para reÃr a costa de Wess y sus secuaces. Pero Cal no obtuvo toda la satisfacción que habÃa esperado. Aquel experimento llevaba trazas de costarle caro.
Después de la comida condujo a Tuck a la casilla donde él habitaba, y procuró acomodarlo lo mejor posible.