Código del oeste
Código del oeste ¿Hasta qué punto llegaba, en realidad, la extraña satisfacción de la joven? ¿Era meramente un barniz, una capa superficial, efecto del ambiente, una modalidad transitoria, una caprichosa actitud femenina o una adaptación permanente a las alteradas condiciones de la civilización? Georgiana era descarada en extremo y no parecía dársele un ardite de cómo sufría eso su hermana. Usaba el vocabulario más bajo y vulgar, muchas de cuyas expresiones lastimaban los oídos de la pulcra maestra, peor que si fueran malas palabras. Se negaba en absoluto a dejar de pintarse la cara, y, de hecho, tenía que pintársela más que nunca, puesto que de andar al sol se le curtía la piel, tomando un tinte acentuadamente moreno. No quería ponerse faldas largas, ni subirse las medias. Tampoco admitía que se gozaba neciamente en el escándalo que provocaba, pero la señorita Stockwell sabía harto bien que no había persona seria que la mirara con buenos ojos.