Código del oeste
Código del oeste —¿Llamas pamplinas a la religión, a las buenas costumbres, a la urbanidad, al amor, al matrimonio, tal como eran antes?
—No; lo que quiero decir es que hasta ahora el mundo ha marchado siempre a capricho de los hombres —declaró Georgiana con decisión—. ¿Por qué no te dejas de ambages? Hablemos en plata y llamemos a las cosas por su verdadero nombre. Tu desesperación por mi conducta se reduce a un solo punto: ¡mi manera de vestir, de hablar y de portarme con los hombres! Eso es todo. No hay nada más… Pues bien, nosotras, las jóvenes de hoy, nos hemos hecho cargo de la situación. Sabemos dónde nos aprieta el zapato. Hemos visto cómo nuestras hermanas, nuestras madres y abuelas han sido manejadas a su albedrÃo por los dueños de la creación. ¡Por los hombres! Y no lo queremos aguantar. ¿Ves? Nosotras nos conducimos como nos da la reverendÃsima gana y si a ellos no les agrada, que nos dejen tranquilas, pero ¡quiá…!, ¡cualquier dÃa nos van a dejar…! ¡Si les gustamos asà extraordinariamente más que antes, aunque no quieran confesarlo!