Código del oeste
Código del oeste —No importa; eres coqueta, demasiado coqueta, tanto si lo admites coito si no. Y retornando a lo de tu manera de vestir, de hablar y de conducirte… ¿crees que estás segura con un hombre como Bid Hatfield?
—¡Segura! ¡Buenas noches…! Yo dirÃa todo lo contrario —manifestó Georgiana con sorprendente candor—. Ése es un salvaje, un hombre de las cavernas… pero precisamente por eso me gusta divertirme con él. Además, tiene la mollera llena de viento, el muy pazguato… Se imagina que es un conquistador irresistible. Y asà resulta presa fácil.
—Hace un minuto negabas que eras coqueta… —continuó Mary.
—Ciertamente que lo negaba, y sigo negándolo. Bien puedo saber las cosas sin serlo, ¿no te parece?
—Bien, si eres tan lista como supones, y adviertes que Hatfield es un individuo realmente peligroso para jugar con él… y si quieres a tu hermana lo bastante para ahorrarle vergüenzas y sinsabores, ¿cómo vas a cohonestar lo uno con lo otro?