Código del oeste
Código del oeste Entonces se adelantó Boyd Thurman sonriendo. Éste era fornido, ancho de espaldas, fuerte y áspero de cara, tan maciza como el bronce, y sus azules ojos tenÃan la franqueza de los de un niño. Echóse para atrás el sombrero, dejando al descubierto un mechón pelirrojo, y preguntó:
—Maestra, ¿qué favor es?
—Todos estamos dispuestos a hacerle cualquier favor —manifestó Wess Thurman, primo de Boyd y Enoch, de veintidós años, y con la estatura y grandes ojos de toda la familia.
—Es ir a Ryson mañana, para recibir a una hermana mÃa —respondió la señorita Stockwell.
Esta respuesta distó de parecerles trivial a los presentes. Su importancia debÃa de ser tremenda, pues los muchachos fueron reaccionando lentamente, ante su significado.
—Mañana… —exclamó Enoch en tono pesaroso—. ¡Cuánto lo siento! Pero no puedo ir, señorita Mary. Hoy hemos recorrido la serranÃa de Mescal, donde encontramos varios añojos ajenos, que tengo ahora encerrados. Son del rancho Bar XX, y ya es sabido que no existe mucho cariño entre esa gente y nosotros. Mañana mismo tengo que expulsar de nuestros campos a esos animales intrusos.