Código del oeste
Código del oeste —Bien pronto diré mucho más —replicó ella, agarrándole la mano donde tenÃa el pañuelo y separándosela de la mejilla.
Quedó al descubierto una ancha herida, de la que fluÃa sangre en abundancia.
—¡Oh, Cal, esto es terrible! ¡Y tan próximo al ojo…! Voy a curarlo en seguida.
Corrió al interior de la casa, con mayor apresuramiento y ansiedad de lo que Mary la hubiera creÃdo capaz.
—Cal, ¿ha andado peleando de nuevo?, —averiguó Mary, muy seria.
—TendrÃa usted que ver cómo quedó mi adversario —rió Cal.
—¿Quién?
—No hace al caso, maestra. Pero no saqué yo la peor parte.