Código del oeste
Código del oeste —Cal —dijo—, venga a ver qué banquete he preparado… yo sola. Hay de todo en abundancia. Y le invito. ¿No quiere aceptar?… ¿Ni siquiera por compromiso…? ¿Para complacerme? SÃ… venga. Y verá que también puedo trabajar en cosas útiles, cuando me lo propongo… A ver: lávese esas manos tan sucias y ensangrentadas… y después le pasaré el cepillo por la ropa para quitarle el barro. ¡Si parece que se hubiera revolcado por tierra!