Código del oeste
Código del oeste —Oiga, ¿sabe bailar su hermana? —inquirió de pronto Serge Thurman, hermano de Wess. Era un joven gigante, pelirrubio, quemado por el sol y con los ojos enrojecidos por el calor, el polvo y el viento. De todos los Thurman, Serge era el más galante y el mejor bailarín. Su pregunta orientó las cosas por un nuevo camino, evidentemente de intenso interés para los muchachos.
Mary se echó a reír. Seguramente la llegada de Georgiana valdría la pena de ser vista.
—¡Hombre! ¡Ya lo creo que sabe bailar! —contestó un tanto pensativa, pues empezaba a ocurrírsele que podía devolverles a aquellos mocetones algunas de las inocentes bromas de que la habían hecho objeto.
La respuesta avivó todavía más la discusión, la cual no había forma de que concluyera, porque varios de los muchachos manifestaban seriamente que él era quien iba a ir a Ryson, y solo.
—Y dígame, señorita Stockwell, ¿cómo es esa señorita? —preguntó Panhandle Ames. Éste era uno de los varios hombres que Enoch tenía a sueldo, de origen tejano, como casi todos los otros, vaquero del desierto, que había ejercido su oficio en Texas antes de trasladarse a Arizona. Poseía un aspecto bonachón, facciones ordinarias y aire seco. Su curiosidad despertó en los compañeros tal alacridad, que al punto pareció absolutamente vital para decidir el asunto.