Código del oeste
Código del oeste Cal tuvo que ir hasta el extremo de la pradera, y mientras iba sonó desde el corral la voz de Panhandle Ames que gritaba:
—¡Eh, tú! ¿Trabajas hoy o andas de juerga?
—¡Cállate, mostrenco! —contestó Cal—. Y date prisa a marchar para el Llano del Oso. Y mira: te aconsejo que evites acercarte al aserradero para que padre no se entere de que se te ha hecho tan tarde.
Antes de que Cal lograra coger el otro caballo, vino Georgiana a galope tendido, en Blazes, y le ayudó a arrinconar al bayo. Estaba radiante de alegrÃa. El pinto se dejaba manejar con extraordinaria facilidad, obediente y dócil. Georgiana daba gozo en la silla y se iba perfeccionando en la equitación.
—Georgie, hágalo moverse para que se acostumbre a obedecerle —dijo Cal—. Llévelo a galope hasta el final del prado, y después suéltele la rienda y que regrese a todo lo que dé.
—¡0h, Cal! ¿De veras? ¿Lo hago? —inquirió gozosa, aunque indecisa.
—SÃ; hágalo. Pero recuerde lo que le he enseñado y agárrese bien.