Código del oeste

Código del oeste

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Prosiguieron entonces por una empinada pendiente llena de peñascos sueltos, donde los caballos tenían dificultad para andar; atravesaron trechos poblados de mezcal y de encinas bajas; cruzaron extensiones cubiertas de hierba descolorida por la sequía y llegaron por fin a la gran muralla natural por donde se precipitaba el Tonto. La tremenda garganta tenía un millar de pies de hondo. Por el lado de acá era una sucesión de escalones formados por la roca hecha pedazos, con oquedades donde medraban los cedros y el «piñón», y por el lado opuesto se erguía el escueto muro rojo, inescalable y altísimo. Allá abajo murmuraba la verdusca y blanquecina corriente, serpeando hasta ir a perderse en el lejano confín. El profundo precipicio se extendía, de Norte a Sur, en forma de «V» —vasta desgarradura en la granítica costra terrestre, lóbrega y triste por el lado de la sombra, y brillante y severa por el otro—. En ambas direcciones pronto se confundía con la inmensa mole de la montaña. No se escuchaba otro sonido que el rugir del agua. ¡Ni el menor signo de vida! Desolado y salvaje, el lugar parecía hechizado.

—Si alguna vez se me ocurriera tirarme de cabeza a un abismo, vendría a hacerlo aquí —manifestó Georgiana. Y ése fue todo el tributo de admiración que le rindió al Tonto.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker