Código del oeste
Código del oeste —Boyd, yo sólo trato de hacerle un favor a Bloom. Ya era casi de noche cuando atajamos a esos animales. Y su equipo va a recorrer mañana la serranÃa de Mescal.
—Seguro. Pero te aconsejo que eches ese ganado en su campo antes de que rompa el dÃa —continuó diciendo Boyd—. Y tan temprano no va a ser fácil hallarlos a todos.
Enoch se dirigió entonces a la señorita Stockwell, a quien expuso, muy seriamente:
—Señorita Mary, mañana voy a necesitar a Serge y Boyd; por lo tanto, ninguno de nosotros tres puede ir a esperar a su hermana. Pero, desde luego, cualquiera de los del resto de mi equipo de serviciales conquistadores queda libre para disponer del dÃa con ese objeto.
—Gracias, Enoch —respondió la maestra, quien, fortalecida con ese permiso, volvió a la carga, preguntando dulcemente—. Ahora bien, ¿quién de ustedes me hará ese favor?
Mientras la mirada de la interrogante los abarcaba a todos en conjunto, permanecieron mudos, abstraÃdos, muy distantes; pero cuando se fijó directamente en Pan Handle Ames, éste se apresuré a decir:
—Señorita Mary, ¿se ha olvidado del dÃa que la traje desde la escuela?