Código del oeste
Código del oeste —¡De ninguna manera! —replicó la joven estremeciéndose—. Tengo que reconocer que su fuerte no es precisamente el arte de manejar automóviles.
—Claro que no lo es. Pero aun asÃ, todo habrÃa ido bien si el coche no se hubiera roto. —Y con la mayor tranquilidad del mundo siguió fumando su cigarrillo, seguro de que quedaba descartado del concurso.
Los demás creyeron de su incumbencia prepararse para dar una contestación adecuada tan pronto se posara en ellos la inquisitiva mirada de Mary.
Dick Thurman era el más joven de los muchachos y todavÃa asistÃa a la escuela.
Su disculpa fue:
—Maestra, usted sabe que yo irÃa con mucho gusto si no fuera por las lecciones. Estoy atrasado, según usted misma dice, y mi padre me hace trabajar antes y después de las horas de clase.
Lock, el único miembro de la familia que era moreno y de pelo y ojos negros, tenÃa una talla muy aventajada, pero era el más tÃmido y corto de genio en todo el clan. Ahora le llegó su vez, y al interrogarle Mary:
—Lock, ¿usted no irÃa?
Sacudió la cabeza, la inclinó, para esconder la cara, y repuso:
—Confieso que las mujeres me dan miedo.