Código del oeste
Código del oeste —¡Huyuyuy!… Tengo los huesos molidos y todo el cuerpo hecho una lástima —contestó ella con voz lamentable—. Mañana voy a estar muerta. Pero no me hubiera perdido el paseo por nada del mundo… Cal, te debo el dÃa más feliz de toda mi vida. Si no se te hubiera ocurrido…
Y sin completar la frase, salió renqueando lentamente hacia la casa. Cal la siguió con la vista hasta que se perdió en medio de las tinieblas. SentÃa una gran angustia en el pecho. No obstante, aquel dÃa habÃa sido para él tan delicioso y feliz como ella habÃa admitido en su espontánea confesión. Y mientras permanecÃa con una mano apoyada en el caliente flanco del caballo que le habÃa regalado a Georgiana, se sintió fortalecido en su fe, y decidido a proseguir sin desmayo en sus esfuerzos para ver realizadas sus esperanzas y logrado su amor.