Código del oeste
Código del oeste Septiembre cedió el puesto a octubre, y todas las tierras altas del Tonto acrecentaron su coloración otoñal.
Abajo, en las lomas, los oros y rojos brillantes estaban limitados a manchas aisladas, incrustadas, como gemas, en el fondo verde oscuro de la maleza. Acá y allá, algunos bosquecillos de nogales conservaban aún bastante follaje para hacer contraste; y en las barrancas que serpeaban entre los cerros, donde corría agua, grupos de sicómoros lucían todavía sus hojas, las cuales se matizaban con los más diversos y bellos colores, a medida que avanzaba el otoño, con sus frecuentes escarchas. En las asoleadas laderas que miraban hacia el Sur, existían lunares de zumaque, que iban gradualmente tiñéndose de rojo vivo, y entre los roquedales se mostraban las enredaderas, veteadas de carmesí y bronce. Mas, en las colinas de poca elevación, el tono dominante era el oscuro verdegris de los enebros, cedros, encinas y «manzanitas», entremezclados.