Código del oeste
Código del oeste Serge Thurman había dejado de cortar después del primer viaje, y para el tiempo en que volvieron al campamento sus camaradas, ya les tenía la comida casi lista. Uno por uno se fueron presentando, después de Wess, para beber copiosamente y lavarse las sucias manos, echándose luego a descansar a la sombra. Pronto se reanimaron, como si la fatiga pasada no tuviera importancia.
Cal había aventajado a Tim en más de una cincuentena de varas, y quiso aprovechar esa circunstancia en beneficio de su oculto designio, burlándose del torpe vaquero por su escasa destreza como segador. Bastaba la más inocente observación de Cal para sacar de sus casillas a Tim, especialmente desde que este último se había dado cuenta de que la señorita Georgiana Stockwell no sólo no le miraba ya con ojos favorables sino que prefería aparentemente a su rival.
—Oye, yo soy vaquero —replicóle Tim, furioso—. Andaba ya a caballo cuando todavía no existían por aquí cercas de ninguna clase y mucho menos campos cultivados. No sirvo para agricultor y maldito lo que me importa.
—¡Huy! Así será; pero aún no he visto las medallas que has ganado como vaquero —respondió Cal.
—Conque no las has visto, ¿eh? —preguntó Tim, frunciendo el ceño—. Tengo la impresión de que te vas volviendo demasiado fresco.