Código del oeste
Código del oeste —¡Oh, no te aflijas! Es que te está tanteando —replicó uno de los del grupo.
—Habla como si quisiera jarana —observó otro.
—Cal anda mal de la cabeza desde que regaló el pinto. ¡Loco de remate! —aseguró un tercero.
Pero Cal les dejó decir sin hacerles caso. Llegado el momento de la comida, le tributó a ésta los debidos honores, sintiéndose muy animado por lo que esperaba que iba a ocurrir en breve. Sus secretas esperanzas estaban en camino de pronta realización. Y le confirmó en su creencia el ver a Tuck Merry con la cara sonriente, aunque tratando de disimular su júbilo.
—Bueno —dijo Enoch después de consumir la última tajada contenida en su plato de hojalata—, ¿cuál de los dos espectáculos se va a efectuar primero?
—¿Dos? —preguntó el padre—. ¿Hay algún otro en perspectiva, además de la competencia entre Wess y Tuck?
—¿No oyó usted que Cal le decía a Tim: «Aguarda hasta después de comer»?
—Sí que lo oí. ¿Y qué quiso decir con eso?
—Bueno, Cal tiene que cascar a Tim antes de que termine este año o perderá su mejor caballo —observó Enoch.
—Hijo, haces apuestas muy tontas —manifestó Henry dirigiéndose al muchacho.