Código del oeste
Código del oeste —Papá, ésta no es tan tonta como usted cree —contestó Cal con franca alegrÃa.
—Cal Thurman —exclamó entonces Tim ásperamente—, yo considero ya ese caballo como si fuera de mi propiedad.
—Muchachos, os pasáis la vida apostando, como si fuerais un grupo de indios perezosos; y eso no está bien —les amonestó Henry—. Me parece que va siendo hora de dejamos de conversación y de meterle mano al trabajo.
—No perderemos tiempo con lo de Wess y Merry —dijo Enoch—. Ahora mismo empezaremos, y cuando hayamos acabado la faena del dÃa, Tim y Cal podrán aporrearse a su gusto.