Código del oeste
Código del oeste —¡Por cierto, que el trabajo del dÃa ha sido espléndido! —exclamó—. Todos lo habéis hecho muy bien, excepto Tim, que aborrece el trabajo, y Cal, que nunca será un buen cosechador de sorgo.
—Bueno, supongo que los dos han estado economizando las fuerzas —explicó Enoch—. No hay duda de que han andado muy despaciosos.
—Hombre, se me habÃa olvidado eso —manifestó Henry—. Me gustará ver la nueva zurra que le administrará Tim a Cal. Dime, Tim, ¿lo vas a hacer antes o después de la cena?
—Puesto que usted se empeña, le diré que prefiero hacer ese poco ejercicio antes de lavarme para cenar —contestó Tim.
AsÃ, pues, el encuentro iba a verificarse en el momento en que Serge andaba atareado con sus cacerolas, junto a la hoguera del campamento, y los otros se agrupaban en torno, adoptando posturas de descanso.
Cal estaba más que dispuesto. Su perspicaz vista habÃa columbrado a Georgiana y a su hermana Mary, que venÃan por el camino, de regreso de la escuela, donde Georgiana habÃa pasado el dÃa. En aquel instante ambas jóvenes se acercaban a la portada, que estaba bajo linos nogales no muy distantes del campamento. Nadie, salvo Cal, parecÃa haberlas observado.