Código del oeste
Código del oeste —Georgiana, ¿piensas que a todos los hombres les gusta realmente ver a una muchacha… en esa forma? —inquirió Mary con incredulidad.
—No es que lo piense… Lo sé de fijo… Mi inocente hermana, hay ciertas cosas que no aprenderás nunca. Créeme…
Fue interrumpida por alguien que en aquel instante golpeó en la puerta con los nudillos. Abrió Mary, y vio que era Cal quien llamaba.
—¡Hola, Cal! Entre —le dijo.
—No, gracias —contestó el mozo, de pie junto al umbral. La luz le daba de lleno en el rostro. Estaba pálido y serio, casi ceñudo. Mary lo encontró singularmente hermoso. VestÃa un traje oscuro, que ofrecÃa un notable contraste con su habitual atavÃo de vaquero.
Su aguda mirada examinó a Georgiana de cabeza a pies, y a Mary le pareció que el examen no le dejaba muy satisfecho.
—Entonces, ¿quedamos en que no va conmigo? —preguntóle él secamente.
—No, señor; no voy con usted a ese baile ni a ningún otro, ni a parte alguna —contestó Georgiana con voz cortante.
—¿Quién la acompañará esta noche?, —quiso saber, en tono brusco.
—Eso no es asunto suyo, pero si tiene tantas ganas de saberlo…, voy con Tim.