Código del oeste
Código del oeste —Gracias. Harto conozco a lo que me expongo. Pero sé de sobra lo que me corresponde. A su hermana debo de gustarle algo, de otro modo, no harÃa… lo que hace. Y siendo asÃ, poco me importa si tengo que habérmelas con todo el equipo de los Thurman.
—De acuerdo —admitió Mary—. Pero lo peor del caso es que… usted no le interesa nada a mi hermana. Yo… sinceramente… preferirÃa lo contrario, porque asà no tendrÃa que avergonzarme de ella.
—Mire, señorita Stockwell —repuso él, con seriedad—, creo que es usted persona formal y digna de confianza. Confieso que estoy enamorado de Georgie y que ello podrÃa hacer de mà un hombre decente. Ninguna mujer besa y… y… habla como ella, a menos que un hombre le interese mucho. Indudablemente, es una chiquilla alocada, que gusta de traer a los muchachos al retortero; mas, no podrÃa llegar… tan lejos, a no ser que uno le importe.
—Georgie, sà —replicó Mary—. Claro está que no lo sé de fijo, pero ésa es mi opinión. Mi hermana parece estar desprovista de vergüenza, de conciencia… por no decir más. Se divierte con usted, igual que con los otros.
Hatfield se estremeció como si le hubieran pegado una bofetada. Se inclinó hacia Mary para mirarla fijamente.