Código del oeste
Código del oeste —Tuck, ¿quiere darme a entender que Enoch, deliberadamente, provocará una riña… nada más que porque haya oÃdo que usted… ha dado algunos puñetazos? —preguntó Mary, incrédula.
—Poco más o menos, asà es, señorita Mary —rió Tuck—. Estas gentes del Tonto son unos tipos curiosos. Pero los muchachos más decentes, más nobles y más honrados que he conocido. No es maravilla que fueran soldados magnÃficos. Mire, señorita Mary, un millón de mozos como éstos formarÃan un ejército insuperable, créame.
—Sà que lo creo; pero, Tuck, eso de pelear por… por mero… no sé qué… ¡vamos, que es perfectamente atroz! —protestó la joven.
—Escúcheme, maestra —repuso Tuck, muy serio—. A mi modo de ver, se equivoca. Esta costumbre de pelear asà es lo mejor del mundo.
—¡Oigan con lo que sale! Tuck, en obsequio mÃo, ¿evitará el encontrarse con Enoch? Él es tan grande y fuerte… PodrÃa hacerle daño.
Tuck le dirigió la mirada más rara, más amable y más festiva que puede imaginarse. Mary hasta tuvo la impresión de que hacÃa esfuerzos para contener la risa.