Código del oeste
Código del oeste —¡Oh, maestra! Lo que ocurrió… lo dejo a su imaginación. Si se esfuerza un poco, acertará. Sólo apuntaré el detalle de que los tres caballeros que se permitieron disputarme el derecho de bailar con la muchacha están aún por ahÃ, en la espesura del bosque… Y ahora, excúseme. El viejo Henry ha empezado a tocar uno de esos asaltos a veinte rounds que esta gente llama tag.
Enoch vino adonde estaba Mary, y le dijo:
—Te he andado buscando por todas partes. Creo que me corresponde esta danza.
—Es un tag, Enoch. Me dejarán hecha pedazos. ¿No serÃa mejor que te quedaras a mi lado, en vez de compartirme con cada quisque de los que hay aquÃ?
—Supongo que podré alejar a algunos de los muchachos.