Código del oeste
Código del oeste cuando baila con su Clair.
¡Y le da unos pisotones
que son de lo que hay que ver!
Edd Thurman era el gigante de la asamblea y bailaba como un rinoceronte. Una formidable explosión de risa estalló a sus expensas. Henry estuvo callado un largo rato, con la cabeza inclinada sobre el violín, como si meditara profundamente. De pronto, cantó de nuevo:
Muchachas, les digo con toda franqueza
que están los muchachos que no pueden más;
cansados los veo de pies a cabeza
y no han de ganarles a ustedes jamás.
Henry falseaba deliberadamente la realidad de las cosas en el contenido de su última improvisación. No había justificación para ello, a juicio de Mary. A medida que avanzaba la madrugada, aquellos talludos vaqueros parecían estar más frescos. Si acaso se notaba alguna muestra de cansancio, era más bien por parte de las mujeres.
Mere y Merth son dos mellizas
más lindas que dos estrellas,
y los mozos se disputan
el placer de hablar con ellas.
¡Animo los chicos guapos!
Que tengo interés en ver
quiénes son los dos galanes
que conquistan su querer.