Código del oeste
Código del oeste Esto pareció agotar la vena poética del viejo violinista durante algún tiempo. Cuando, al cabo, alzó de nuevo la cabeza, fue para decir, con voz más fuerte:
Yo soy un viejo ducho
en tocar el violín,
y a quien le gusta mucho
un buen vaso de gin.
Luego, tras una pausa, calculada para producir efecto, vociferé:
Oigan, mozos, estos puntos
y vayan pronto a buscar
al que entierra a los difuntos,
que lo voy a precisar.
Para que entierre a tres guapos
que acaba Tuck de vencer,
haciéndoles tres guiñapos
que no se pueden mover.
Bueno ha sido todo esto,
según dicen por ahí,
pero cuando zurre al resto
será mejor para mí.