Código del oeste
Código del oeste —De fijo, no lo sé. Pero tengo barruntos de que va a pasar algo. Cuanto más tarde suceda, peor será… Y ahora que me haces pensar en estas cosas te diré que a ninguna de las personas formales nos agrada la forma en que baila tu hermana.
—¡Oh! —exclamó Mary, acongojada—. Bastante que lo lamento yo. Pero Georgiana ha estado conduciéndose muy… decorosamente… teniendo en cuenta cómo es ella.
—Asà será; pero, a mi juicio, ha querido lucirse esta noche. MÃrala.
Mary tardó en descubrir la esbelta y contorsionante figura de su hermana. En aquel momento, su pareja era Dick Thurman, el más joven de la familia, y uno de los mozalbetes a quien Georgiana habÃa aleccionado en las nuevas y llamativas danzas del Este. ¡Qué tristemente fuera de lugar se notaba aquella clase de baile, allÃ, en la modesta y digna escuela rural! Mary se sintió fascinada y repelida por el espectáculo. Georgiana, realmente, llamaba la atención. Se movÃa de mil modos; se echaba para atrás, para adelante y para los costados; se retorcÃa, giraba y parecÃa hacer que su compañero se olvidara de todo, menos de ella.
—Bueno, no serÃa tan atrozmente malo, si Georgie estuviera vestida diferente —murmuró Enoch, como si quisiera paliar su molesta impresión.