Código del oeste
Código del oeste Mary miró a Enoch y experimentó cierto alivio, en su penosa situación, al advertir que su novio contemplaba sonriente a los atrevidos bailarines. El rudo mocetón era en el fondo tan bondadoso y amplio de criterio como fuerte y animoso. Luego pasó la vista por los viejos de la familia Thurman que tenía más próximos. No pudo discernir diferencia alguna en el continente de éstos.
Mas, de pronto, el fornido Gard, tío de Cal, se puso en pie y fue pasando entre los bailadores y la pared hasta el sitio ocupado por el viejo Henry.
Repentinamente cesó de sonar el violín, con tal brusquedad, que todo el mundo quedó sorprendido y como a la espera de algo extraordinario.
El anciano Gard trepó sobre un cajón, sobresaliendo su elevada estatura por encima de la expectante concurrencia. Sus cuadrados hombros parecían agresivamente anchos. Tenía el semblante musculoso y enérgico, atezado y tosco, con ojos de penetrante mirar, y cabellera encanecida.