Código del oeste

Código del oeste

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Los concurrentes tornaron a sus rítmicos movimientos, pero Georgiana y su compañero dejaron de bailar. Mary los siguió con atenta mirada hasta el relativo aislamiento de un apartado rincón, donde se pusieron a conversar, de espaldas a los bailadores. A poco, Georgiana giró bruscamente sobre sus talones, y a toda prisa se encaminó hacia el lugar donde se guardaban los abrigos. Hatfield la seguía. Mary le vio extender las manos abiertas, en actitud de reconvención o de súplica. Georgiana, al parecer, no le hacía ningún caso. Obraba con manifiesta premura.

Mary abandonó su asiento y, mientras rodeaba el salón, perdió de vista a su hermana. Entre tanto, Enoch había desaparecido. Cuando llegó la maestra cerca de la puerta, encontró a Enoch hablando seriamente a Cal. Tan pronto vio a Mary, se calló. Cal estaba tan pálido como un cadáver. Había otras personas cerca, algunas de ellas mujeres, pero Mary ni siquiera reparó en quiénes eran.

Georgiana apareció en tal instante, seguida del persistente Hatfield, a quien la muchacha no se dignaba ni mirar mientras se encaminaba hacia la salida. Se había puesto su pesado abrigo y estaba cubriéndose la cabeza con un chal blanco. Fue directamente al encuentro del grupo situado frente a la puerta. Al verle la cara, se disipó en gran parte el enojo de Mary.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker