Código del oeste
Código del oeste —Me parece que el viento te va arrancar más de un tronco de la cabaña —observó Gard Thurman.
—Hay que hacerla bien fuerte y pesada —replicó el viejo Henry.
—Bueno —manifestó Wess en el tono que adoptaba siempre que querÃa decir algún chiste—, traeremos troncos tan gordos, que no habrá viento del Norte que les haga nada; pero Cal tendrá que ingeniarse para conseguir y conservar aquà lo demás que le hace falta para tener un homestead en debida forma.
—¡Ajú! —repuso Henry, pensativo—. Quieres decir que Cal tendrá que buscarse una mujer. Bien está; pero, hasta ahora, nunca he visto que a ningún Thurman le haya sido eso muy difÃcil.
—Hay tiempo sobrado para atender a ese detalle —intervino entonces Cal, en tono áspero—. Pero si van ustedes a pasarse el dÃa charlando y comiendo, adelantaremos bien poco en la construcción de la cabaña.
—Hijo mÃo, aprende a tener paciencia —le respondió el padre amablemente—. No hay prisa alguna. Ya ocupas la tierra y dispones de todo el tiempo que quieras para todo lo demás.