Código del oeste

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—Así es, en efecto —declaró Tuck bonachonamente—. Y oiga, Enoch, déjese de fastidiarme con que mis piernas son largas o cortas. Ya me tiene harto con eso. Y, desde luego, no tiene ningún derecho para burlarse de mí, tanto más cuanto que ni sus brazos, piernas y pescuezo son tan pequeños, que digamos. Sin contar con que su nariz es la más grande y fascinadora que he visto en mi vida.

Todo el mundo prestó atención. Aquello era extraordinario, proviniendo del apacible y calmoso Tuck Merry. El viejo Henry se reía a mandíbula batiente. Enoch parecía sorprendido.

—La nariz más grande… y fascinadora —repitió como un eco, en tono dubitativo—. ¿Qué quiere decir con «fascinadora»?

En esta sazón, Cal le lanzó una mirada a Tuck, quien le entendió en el acto. Había llegado, por fin, la oportunidad largo tiempo esperada. Cal se sentía sacudido por el entusiasmo de pies a cabeza, y tenía que esforzarse para que no se le conociera en la cara. Tuck, por su parte, adoptó una expresión más humilde, más suave, más alusiva que de ordinario.

—Bueno, Enoch —respondió con lentitud y sosiego—, su nariz es «fascinadora» por dos razones. Primera: es atrozmente voluminosa y fea.


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