Código del oeste

Código del oeste

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Exacto, sólo que ése no es el término técnicamente propio —explicó Tuck.

De pronto, Enoch se sacudió, a impulsos de la risa, como si la cosa se le antojara irresistiblemente graciosa. Pero se le pasó en seguida. La antigua duda le asaltó de nuevo y comenzó a sulfurarse un poco.

—¡Ajú! Bien, he notado que nunca ha hecho saltar los botones de la chaqueta con la satisfacción que le causaba al aceptar invitaciones para aporrearme la nariz.

Así es —admitió Tuck serenamente—; pero, Enoch, viejo «batidor», no ha sido porque me faltaran ganas. Honradamente, he tenido que resistir la tentación. Le juro que me hubiera encantado «acariciarle» su magnífico apéndice nasal.

—¿Qué se lo ha impedido, pues? —inquirió Enoch, vacilando entre echarlo a broma o enojarse.

—¿Puedo hablar con franqueza, aquí, delante de todo el mundo?

—Seguro que sí —respondió Enoch, más desconcertado que nunca.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker