Código del oeste
Código del oeste —¡Grandísimo mentecato! —exclamó Enoch, poniéndose intensamente rojo. El regocijo que demostraban los espectadores, especialmente Cal, le había trastornado los nervios.
Súbitamente Tuck Merry dio un gran salto, cayendo sobre los pies con la ligereza de una pluma. Era una acción notable, tratándose de un hombre tan extrañamente constituido.
—Conque mentecato, ¿eh? —tronó—. Usted no ha hecho más que molerme la paciencia desde que llegué a esta tierra… ¡Sáquese los zahones y quítese la chaqueta!
La cara de Enoch cambió como por milagro, tomando una expresión de gozosa certidumbre.
—Bueno, Tuck; no creo que necesite quitarme nada —manifestó sintiendo que recobraba el buen humor. Y se adelantó hacia el adversario, despacio, firme, en actitud beligerante.