Código del oeste
Código del oeste —¡Zas!…, ¡zas!…, ¡zas! ¡Pum! Asà fue la cosa…, como un relámpago —repuso el viejo Henry haciendo una mueca—. Ha sido el mejor trabajo que he visto en toda mi vida.
Enoch, lentamente, pósose en pie, y en los primeros momentos se sintió un tanto mareado. Sin embargo, pronto estuvo en plena posesión de sus facultades. Cal se le acercó entonces, levantó el sombrero del suelo y se lo entregó. Otro de los presentes le sacudió la ropa para quitarle el polvo.
—Tuck Merry —dijo en esto Enoch, ya recobrada su voz habitual—: cuando le invité a un pequeño escarcen, pensé que la ventaja iba a estar toda de un solo lado… ¡Y asà ha sido, aunque al revés de como lo imaginaba! Me ha vencido, y tengo que tragármelo, aunque me dolerá menos si me confiesa cómo lo ha hecho.
Cal creyó que a él le tocaba hacer la oportuna revelación… ¡Cuánto le hubiera gustado guardar aún el secreto! Pero no era posible.
—Enoch…, escucha —comenzó a decir con marcada deliberación—. Tuck ha sido maestro de boxeo en la Marina. Y, además…, uno de los entrenadores de Jack Dempsey.
—¡Dios mÃo! —exclamó Enoch con la faz súbitamente radiante, mientras se aproximaba a su vencedor—. ¡Tengo que contarle eso a Mary!