Código del oeste
Código del oeste ¿Crees que estoy peor? No puede ser —repuso Cal, sombrÃo—. Hay estados que no pueden empeorar. SentÃa el corazón destrozado. ¡Qué sé yo…! Pero no me doy por perdido, a menos…
—Comprendido, chico, comprendido. Vamos a ver: ¿qué pasa realmente entre tú y Georgiana?
—Que no le importo nada, sencillamente —contestó Cal, con profundo abatimiento.
—Te equivocas. Le importabas… tanto como a las de su clase puede importarle nadie. Las que son como ella necesitan mucho trasteo antes de que se muestren razonables. Nunca harás que te tome en serio, a menos que la obligues. Y entiendo que este tratamiento de ausencia a que la has sometido está dando resultado contraproducente. Si no haces algo pronto, te expones a perderla para siempre.
—Pero ¿qué demonios puedo hacer? —gritó Cal, en el colmo de la desesperación.
—Es un caso para proceder sin contemplaciones, a la brava —indicó Tuck haciendo una mueca.
—¿Quieres decir… huir con ella…, raptarla? —preguntó Cal, con incredulidad.