CĂłdigo del oeste
CĂłdigo del oeste —Todo lo tengo cuidadosamente planeado —continuĂł diciendo Tuck, evidentemente entusiasmado con sus planes—. El domingo despuĂ©s de Navidad irĂ© a ver al señor Meeker, nuestro párroco. He hablado con Ă©l varias veces y me parece que me profesa buena amistad. De todos modos, me las compondrĂ© de manera que logre mi intento. InventarĂ© alguna historia para captarme su simpatĂa. AquĂ, en el Tonto, ya lo sabes, es muy fácil casarse en seguida, si uno tiene dispuesta a la novia. Ésa es la tarea que te reservo a ti, y, o mucho me equivoco, o te va a costar algĂşn trabajo; pero ya te las arreglarás. Yo me comprometo a llevar al párroco, rodeando el Diamante, hasta la cabaña de Boyd Thurman. AllĂ no vive nadie, y si hiciera frĂo, encenderemos fuego. Estaremos allá alrededor del mediodĂa, el lunes, esperándote. Bueno, calculo que con eso lo tendremos casi todo listo.
—¡Casi, todo! ¡Santo Dios! —exclamĂł Cal, excitadĂsimo—. ¡Pero, hombre! Eso no es nada, comparado con mi parte en tu… maravilloso plan. ÂżQuĂ© tendrĂ© que hacer yo?
—Apoderaste de la joven y traerla… Nosotros nos ocuparemos del resto —declaró Tuck, locuaz.
—¿QuĂ©?… —tartamudeĂł Cal, pues la idea le habĂa ofuscado.