Código del oeste
Código del oeste —Compadre, debes de tener telarañas en la sesera. Estás igual que Enoch, después de la una que le di… Escucha. Todo lo que tienes que hacer es agarrar a Georgie fuera de la casa o hacerla salir en alguna forma. Ten un caballo a mano, oculto entre los matorrales. Cógela y llévatela, aunque sea a la fuerza. Procede a lo loco, rápido y sin miramientos. No hables mucho. Si hablas, perderás la partida. Métele el miedo en el cuerpo.
—Es fácil hablar de asustar a Georgie; pero ¿cómo puede hacerse? —preguntó Cal, desconcertado ante el problema.
—Le tienes miedo. Pues bien, compórtate de manera que ella te lo tenga a ti. ¿Qué sabe esa chiquilla de hombres brutos y desesperados? Actúa como si fueras un bandido del Tonto, de ésos cuyas fechorÃas ella ha oÃdo contar. Hazle creer que te ha enloquecido hasta ese punto. No es más que una niña. Todo su desparpajo y toda su aparente valentÃa son pura apariencia, pura fanfarronada a la moderna. Asústala a más no poder. Y luego hazle jurar que no le dirá al párroco que la has raptado sin su consentimiento.
—¡Ajú! Y después, suponiendo que ese sueño se realiza… y que el sacerdote nos casa…, ¿qué viene a continuación? —inquirió Cal como si la cabeza le diera vueltas.
Tráetela para acá, a tu nueva cabaña. Para ese entonces puedes tenerlo todo bien arreglado.