Código del oeste
Código del oeste —Chico, no pases por alto este hecho —le advirtió Tuck como si leyera sus pensamientos—: desde que te cases, no le será fácil deshacer lo hecho (como estás imaginando, y como ella misma pudiera suponer). Nadie va a creer que la secuestraste, y si huyera de tu lado, quedarÃa irremisiblemente deshonrada, arrastrando en su deshonra a su hermana.
Esa idea penetró bien en el cerebro de Cal, fortaleciendo su ansiosa expectativa. La situación serÃa demasiado grave para Georgiana. Pero, a despecho de como reaccionara, la perspectiva más seductora estribaba en el hecho de que, si conseguÃa que se efectuara el matrimonio, no habrÃa en adelante el peligro de que siguiera flirteando divirtiéndose con otros hombres. El código de honor del Tonto era muy rÃgido, y hasta los individuos de la calaña de Bid Hatfield lo respetaban. Una vez casada, quedarÃa salvada de sà misma en cuanto al Tonto concernÃa; no importaba lo que hiciera.
—¡El lunes próximo! ¡Cinco dÃas más…! ¡Dios mÃo! —exclamó Cal declarándose vencido, pero experimentando al mismo tiempo la exquisita tortura de Ãntimo júbilo.