Código del oeste
Código del oeste —Felices Pascuas, Tim.
Ahora bien, Tim no se habÃa reconciliado completamente con Cal, desde la pelea acaecida en el campo de sorgo de Boyd.
—¿Qué… que…? —tartamudeó—. ¿Este sombrero que cuesta cuarenta dólares… para mÃ…? ¡Oh! ¡Cal Thurman, si no eres el mejor chico que he conocido, me comprometo a comerme las espuelas! Lo voy a estrenar el dÃa de tu boda.
La distribución de los demás regalos fue amenizada con frecuentes salidas chistosas y explosiones de hilaridad.
—¡Vaya una ganga! —comentó el tÃo Gard cuando le llegó su turno.
—Bueno: el muchacho se ha vuelto loco —repetÃa Henry.
Una de las ancianas tÃas de Cal, simulando un enfado que no sentÃa, dijo:
—¡A esos viejos gruñones deberÃa darles vergüenza!