Código del oeste
Código del oeste El tono de la voz y la mirada debieron de impresionar a la joven, cuya pálida faz se coloreó ligeramente.
—Gracias. Le deseo otro tanto —repuso, clavando la vista un instante en los ojos del mozo. Luego se volvió hacia su hermana.
El día de Navidad y el domingo siguiente transcurrieron como pesadillas para Cal. Procuró hacerle los honores a la pantagruélica comida, en la cual había pavo silvestre a todo pasto; pero el resto de la fiesta y los diversos entretenimientos no contaron con su adhesión. Estaba desasosegado, nervioso, y no recuperó la calma hasta que partió Tuck Merry, el domingo por la tarde. Entonces, la incertidumbre y la cruel vacilación que le tenían en un estado terrible cedieron el puesto a una intensa expectativa. Aquella noche durmió bien poco.