Código del oeste
Código del oeste De pronto, divisó a lo lejos un jinete que cruzaba el valle por una senda extraviada.
—¿Quién será ese hombre? —murmuró Cal, preocupado—. TendrÃa que ver que me lo estropeara todo. Pero quizá pase de largo.
El jinete continuó su marcha por entre la maleza, desapareció durante algunos minutos y reapareció algo más lejos, siguiendo después por la parte terminal de la finca de los Thurman. Allà continuó la marcha al abrigo de los árboles, hasta alcanzar el camino principal, donde miró cautelosamente en todas direcciones. Cal empezó a respirar con fuerza. El individuo aquél trotó rápidamente a lo largo del camino y se metió luego en el bosquecillo de castaños, próximo al sitio donde tenÃa Cal oculto su caballo.
—¡Es Bid Hatfield! —murmuró Cal sorprendido en extremo—. ¿Qué buscará por aquà y andando con tantas precauciones?
La sospecha de que Georgiana fuera la causa de tal venida asaltó a Cal por un instante. Pero ¡oh, no; eso no! ¡Es imposible! ¡Ella no saldrá a su encuentro!