Código del oeste
Código del oeste Deslizándose por en medio de la espesura, con la sagacidad de un indio, Cal hizo alto al borde del camino. Georgiana iba aprisa en dirección a una curva, pasada la cual estaba el claro donde la aguardaría Hatfield. Cal la dejó perderse de vista. En seguida echó a correr, atravesando macizos de vegetación hasta alcanzar la parte situada al oeste del bosquecillo de castaños. Conocía el terreno palmo a palmo y tendría poca dificultad en colocarse en un punto adecuado para sorprender a los dos que tan audazmente concurrían a una cita. Estaba poseído por la ira, pero aún le restaba suficiente dominio sobre sí mismo para no precipitar el curso de los acontecimientos. Aunque amargado por el rencor, todavía conservaba alguna esperanza. Su fe en Georgiana se resistía a morir.
—Pero si ella… es… —balbució, faltándole las palabras para completar la expresión de su pensamiento—. ¡Por Dios!, que ambos lo van a sentir…