Código del oeste
Código del oeste —Puesto que tú eres la culpable, sufrirás el castigo —comenzó a decir encaminándose hacia ella en actitud feroz.
—¡Cal!… ¿Qué es esto? —balbució—. Nunca ha sido asÃ… antes.
—Tampoco sabÃa respecto a ti… antes… lo que sé ahora —replicó él acerbamente.
La linda cabecita se irguió y una llamarada de brioso impulso coloreó las empalidecidas mejillas.
—No tolero que se me hable de ese modo —protestó.
—Lamento lo que he hecho, pero no tengo nada de que avergonzarme. Tenga mucho cuidado con insultarme.
Cal decidió en su fuero interno que cuantas menos palabras cambiaran serÃa mejor. Metió el revólver en la funda y, con un rápido ademán, la asió con la mano izquierda por la parte delantera de la chaqueta y blusa.
—Vas a venir conmigo —dijo.
—¡Quiá! De ninguna manera… —fue a responder, pero a causa de la fuerza con que la sacudió, dejó la frase sin concluir.
Cal empezó a caminar hacia la espesura tirando de Georgiana. Durante unas pocas yardas fue ella dejándose arrastrar, sorprendida. Luego comenzó a resistirse Trataba de soltarse, luchaba, le golpeaba el brazo. Pero no lograba desprenderse.