Código del oeste
Código del oeste Cal reunió todo el ánimo y toda la desesperación de que se sentía capaz. Si fracasaba ahora y su descabellado intento de convertía en la comidilla de la comarca, no habría en el Tonto entero quien no se burlara de él. Había ido demasiado lejos. Por un instante, le invadió un agudo sentimiento de cólera contra Tuck Merry, mientras que otras emociones, en tumulto, lo sacudían de pies a cabeza. Al parecer, no le quedaba más recurso que mostrarse feroz y peligroso hasta atemorizar a Georgiana de modo que se sometiera en absoluto a su voluntad.
Desmontó; puso en tierra a la muchacha y la cogió fuertemente por un brazo.
—¿No me ha hecho ya suficiente daño? —preguntó ella encogiéndose por efecto del dolor. Le llamearon los ojos. Estaba dominada por el momento, pero no vencida.
—Voy a conducirte allá adentro, y tendrás que hacer exactamente lo que yo te diga —le advirtió el mozo con mal reprimida turbación.
—¿Quiénes están ahí? —balbuceó ella.