Código del oeste
Código del oeste —Espera y lo verás —fue la respuesta, dada con voz áspera. Al parecer, era fácil intimidarla; pero ¡qué absurdo y desagradable encontraba el muchacho que ella imaginara que la habÃa golpeado para hacerle perder el sentido!
Cal quitó la manta de delante de la silla y le hizo a su compañera un gesto para que montara. Tuvo ella dificultad en subir, pero él se resistió a ayudarla. TemÃa perder el aplomo, abandonándose a sus verdaderos sentimientos. Ni siquiera se animaba a contemplarla cara a cara. La falda, que era muy corta y ceñida, iba a impedirle cabalgar con comodidad. Cal dobló la manta a lo largo y la colocó sobre la silla, enfrente de Georgiana, de modo que ésta quedara algún tanto protegida contra las malezas. Luego cogió la brida y arrancó a buen paso, conduciendo al caballo.