CĂłdigo del oeste
CĂłdigo del oeste —¡Su esposa!… —susurró—. ¡Dios mĂo! ¡Estoy casada con Ă©l! Dije que sĂ… ¡quĂ© sĂ!… exactamente como si procediera en el libre ejercicio de todo mi albedrĂo… El párroco ni sospechĂł siquiera que me estaban haciendo violencia. Y ahora no me creerá, aunque se lo jure de rodillas… Y ese taimado zorro, Tuck Merry… No sĂ© quĂ© pensar de Ă©l… Pero el caso es que soy la mujer de Cal Thurman… legalmente, sin gĂ©nero de duda…, en este preciso instante… ¡y por mi propia y libre voluntad!
En cierto modo, se horrorizĂł de la ineludible realidad. ¡Oh, pero no por ello modificarĂa lo más mĂnimo su futuro proceder! Mas… ÂżcĂłmo la juzgarĂan en el Tonto? Nunca la habĂan querido gran cosa, a decir verdad, excepto alguno que otro de sus sentimentales admiradores, mientras que a Cal todo el mundo le estimaba… hasta Bid Hatfield. ÂżQuĂ© habĂa dicho Ă©ste en cierta ocasiĂłn? «Cal es un chico excelente». Y en boca de Bid, que siempre habĂa estado furiosamente celoso de Cal, eso constituĂa un elogio extraordinario.
—Habrá que anular el casamiento —dijo—. Puedo hasta hacerle meter en la cárcel… Cuando cuente lo sucedido, ¿no le haré la vida insoportable?… Entonces dejarán de apreciarlo, puesto que le conocerán como realmente es.